La casa estaba en silencio.No era un silencio incómodo.
Era contenido.
Como si el mundo, por unas horas, hubiera decidido no interrumpirlos.
Elena estaba en el jardín, sentada bajo la sombra de un ciprés. Tenía un libro abierto sobre el regazo, pero no avanzaba. Su mirada se perdía entre las terrazas verdes que descendían hacia el valle.
A lo lejos, Florencia se extendía como una pintura.
Escuchó pasos detrás de ella.
No necesitó girarse.
—Tengo una idea —dijo Xander.
Elena alzó