La mansión Mavrogenis llevaba días envuelta en un silencio extraño.Demasiado orden.Demasiado intacto.Como si la vida se hubiera detenido… pero nadie se hubiera atrevido a tocar nada.Lucía caminaba por el hall con pasos medidos, revisando detalles innecesarios, ocupándose de cosas que no requerían atención. Era su forma de llenar el vacío.Hasta que el ruido rompió todo.La puerta principal se abrió con violencia.—¡Señora, no puede entrar así! —la voz de Lucía se alzó, nerviosa, intentando interponerse.Hipólita no se detuvo.—¡Quítate del medio! —espetó, empujándola sin miramientos.Lucía retrocedió, sorprendida, perdiendo el equilibrio un segundo.—¡Señora, por favor!.Pero Hipólita ya avanzaba.Sus pasos resonaban en el mármol como una declaración de guerra.No pidió permiso.No anunció su presencia.Fue directo hacia el interior de la casa como si aún le perteneciera.Como si todo ahí respondiera a su nombre.—¿Dónde está esa mujer? —exigió, sin dirigirse a nadie en particular
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