El atardecer caía sobre la ciudad.
Desde el ventanal, Atenas se teñía de tonos anaranjados y dorados, pero dentro de la oficina de Xander no había belleza.
Solo tensión.
Papeles sin revisar.
Llamadas sin devolver.
Y un silencio cargado de frustración.
Xander estaba de pie, inmóvil, mirando sin ver.
Cuando golpearon la puerta.
—Adelante.
Raúl ingresó sin perder tiempo, su expresión era distinta.
—Señor, encontramos un rastro.
Xander giró la cabeza de inmediato.
En sus ojo