capitulo 76

A la mañana siguiente, el aire en Fiesole era claro, casi engañosamente tranquilo.

Elena salió temprano.

Llevaba ropa sencilla, cómoda, el cabello recogido y gafas oscuras que ocultaban más de lo que mostraban. Nada en ella llamaba la atención.

Condujo hasta un pequeño pueblo cercano. Calles de piedra, macetas en las ventanas, el murmullo bajo de la vida cotidiana. Un vivero especializado la esperaba al final de una calle estrecha.

Pero antes de bajar del auto lo hizo.

Sacó el teléfono.

H
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