La mansión Mavrogenis llevaba días envuelta en un silencio extraño.
Demasiado orden.
Demasiado intacto.
Como si la vida se hubiera detenido… pero nadie se hubiera atrevido a tocar nada.
Lucía caminaba por el hall con pasos medidos, revisando detalles innecesarios, ocupándose de cosas que no requerían atención. Era su forma de llenar el vacío.
Hasta que el ruido rompió todo.
La puerta principal se abrió con violencia.
—¡Señora, no puede entrar así! —la voz de Lucía se alzó, nerviosa, intentando