Cuando finalmente terminó, Ella yacía inmóvil contra el asiento, con la mirada perdida en algún punto del techo acolchado. Samir se apartó lentamente, acomodándose la ropa con movimientos mecánicos, evitando mirarla directamente. El silencio entre ellos era denso, sofocante, cargado con cosas que ninguno de los dos sabía cómo decir.
Él abrió la boca para decir algo —quizás una disculpa, quizás otra amenaza— pero las palabras murieron en su garganta al ver la expresión vacía en el rostro de ella