La cordura de Samir se quebró por completo en ese instante, como un edificio desmoronándose desde sus cimientos sin hacer ruido hasta que ya está todo en el suelo. Marcó un número en su teléfono con dedos que dejaban huellas de sudor en la pantalla táctil.
—Trasladen a los gemelos al Hospital Privado San Marcos. —Su voz era letal, controlada, el tipo de calma que precede a los huracanes—. Ahora. Suite presidencial, piso dieciséis. Bloqueen todo el ala. Nadie entra ni sale sin mi autorización di