Valentina despertó lentamente, envuelta en una tibieza extraña que no supo identificar al principio. No abrió los ojos de inmediato; se movió apenas entre las sábanas suaves, sintiendo el peso agradable del descanso profundo. Durante unos segundos estuvo suspendida en esa bruma confusa entre el sueño y la vigilia, sin recordar dónde estaba ni por qué su cuerpo se sentía distinto, más sensible, más vivo. Entonces una sensación la recorrió de golpe, como un latido repentino bajo la piel, y la memoria regresó con la fuerza de una ola: el beso, la discusión, la confesión, la manera en que Sebastián la había mirado como si realmente temiera perderla, y después… sus manos, su cuerpo sobre el de ella, la intensidad compartida, la forma en que su nombre había sonado distinto en su voz.Sus ojos se abrieron de par en par.Se quedó inmóvil unos segundos, mirando el techo. El calor subió por su cuello hasta teñirle las mejillas. Giró apenas la cabeza y se incorporó un poco entre las sábanas. Est
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