El Hotel Bourbon brillaba bajo las luces doradas de la noche.
Erick entró junto a Amelia, su mano firme en la parte baja de su espalda.
Ella vestía un vestido rojo intenso que se ajustaba a su figura con elegancia impecable. El color hacía contraste perfecto con el negro absoluto del traje de Erick. Juntos eran imposibles de ignorar.
—Está hermoso, amor —susurró Amelia, admirando el salón iluminado por enormes lámparas de cristal.
Luego lo miró con una sonrisa emocionada.
—Oh, ¿supiste? Miriam