Los tacones repicaban contra el mármol con un sonido seco y autoritario.
Tac. Tac. Tac.
El eco se expandía por el amplio vestíbulo del edificio Blackwood, atrayendo miradas discretas y murmullos contenidos. La mujer caminaba erguida, impecable en su traje oscuro de corte perfecto, el cabello recogido con precisión casi militar. Sus ojos azules, fríos como el acero, no se desviaban ni un segundo.
La señora Blackwood no visitaba lugares donde no fuera bienvenida.
Y mucho menos aceptaba que la expu