La oficina de Amelia estaba inusualmente silenciosa.
Miriam estaba sentada frente a tres pantallas, los brazos cruzados, mientras Damián tecleaba con velocidad absurda.
—Damián… ¿cómo podemos confirmar que esa persona es la que nos traicionó?
Él ni siquiera la miró.
—Fácil, cariño. Mira esto.
Sus dedos volaban sobre el teclado. Ventanas, códigos, registros de actividad.
—Aquí está el log del sistema. El virus fue ingresado ayer a las 21:00 horas exactas. Desde la terminal de contabilidad.
Ampli