Llegaron al departamento y Miguel no dijo nada durante todo el trayecto, pero al entrar cerró la puerta con calma, dejó las llaves y, sin dudarlo, tomó la mano de Miriam, atrayéndola contra su cuerpo con necesidad, esa necesidad de sentirla, de saber que era de él.—¿Estás bien?Miriam asintió, apoyando las manos en su pecho.—Sí… como le dije a tu primo, solo fue la impresión de ayer… recordar por todo lo que pasé, pero solo eso.Miguel la miró fijo, buscando algo más en sus ojos.—¿No sientes nada por él?Miriam negó de inmediato.—No… nada. Solo asco, Miguel, dime que mujer podría seguir amando a alguen que la humilló de esa manera, al menos yo no, sobretodo ahora que pagué por la versión Premium, o sea tú.Miguel tomó su rostro entre sus manos, observándola con atención, como si quisiera asegurarse de que cada palabra era real, como si buscara alguna pizca de dolor escondido.Pero Miriam solo le sonrió. Y eso… eso lo tranquilizó.Miguel se inclinó y besó sus labios con suavidad, e
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