Los niños estaban felices, sentados frente a la televisión, riendo mientras comían helado y galletas sin preocuparse de nada más. El ambiente parecía tranquilo, casi doméstico, pero bajo esa calma había otra cosa. Armand mantenía a Mildred suavemente sujeta contra su cuerpo, su mano firme sobre ella, como si no pensara soltarla.Entonces la puerta se abrió de golpe.—Hermano, llegué.Michelle entró agitado, pero apenas los niños lo vieron, todo cambió.—¡Papiiiii!Corrieron hacia él y Michelle los levantó en brazos, llenándolos de besos, su expresión transformándose por completo.—Hola, mis bebés… ¿cómo se portaron con el tío?—¡Bien, papi! Nos dio helado, galletas y vimos televisión.La pequeña Emilia se acercó a su oído y le susurró algo en secreto, cubriéndose la boca con la manito.—Tiene a la señora bonita con él. Y ví que le dio la mano, es muy bonita y tiene el pelo como nosotros.Michelle alzó una ceja.—¿Ah, sí?Levantó la mirada y entonces vio a Mildred.Ahí, de pie junto a
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