Capítulo 38. Sospechas y Confusión
RANDALLLa imagen de Anastasia Paine, radiante en un vestido de novia de encaje junto a Bratt Lancaster, se había grabado a fuego en mi retina, quemando cualquier rastro de la indiferencia que solía ostentar. El titular de la prensa digital, "Boda cancelada entre Bratt Lancaster y Anastasia Paine", era un eco brutal y distorsionado de la tormenta que acababa de descubrir en la soledad de mi asiento. El aire en el Rolls Royce se había vuelto súbitamente pesado, cargado de una electricidad estática que hacía que cada respiración fuera un esfuerzo consciente, mientras James conducía por las calles londinenses con su habitual y milimétrica discreción. Esta no era una "coincidencia peculiar", como había intentado catalogarla antes; era una bomba de tiempo con el reloj en marcha.—James —dije, y mi voz sonó ronca, casi desconocida para mí mismo. Mi mirada buscó la suya a través del espejo retrovisor.James no era simplemente un chofer uniformado; era mi sombra, mi confidente más leal y, en
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