Capítulo 39. Víctima inocente.
RANDALL
El sobre de papel manila que James había dejado sobre mi escritorio de caoba se sentía inusualmente pesado. No eran solo documentos técnicos o balances financieros; era el peso de verdades incómodas que amenazaban con derribar el frágil orden que intentaba mantener. Habían pasado apenas unas horas desde mi llamada a James, pero su eficiencia, como siempre, era digna de admirar. El sol de la mañana ya estaba alto, inundando el estudio con tonos dorados y partículas de polvo que bailaban