Capítulo 34. Día de chicas.

ANNA

El amanecer se colaba tímidamente por las rendijas de las cortinas de mi habitación, proyectando líneas doradas sobre la alfombra. Era un comienzo de día prometedor, pero la luz no lograba disipar la pesadez que aún se aferraba a mi pecho. La noche anterior había sido una catarsis absoluta; las lágrimas, los abrazos de Kate y Sofía, y esa comprensión silenciosa que solo las verdaderas amigas poseen. Había sido un proceso agotador que me había dejado exhausta, pero extrañamente ligera. Me l
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