Capítulo 33. Destino o casualidad
RANDALL
El suave ronroneo del motor del Rolls Royce se sentía distante. Me recosté contra el respaldo de cuero, cerrando los ojos mientras el murmullo de Londres se filtraba apenas por los cristales. Sin embargo, mi mente no buscaba descanso; estaba firmemente aferrada a la imagen de Anastasia Paine frente a la puerta de su apartamento. Su nombre, pronunciado por ella misma con una mezcla de orgullo herido y vulnerabilidad, había resonado en mi interior de una forma inesperada. Ya no era simple