El barrio de Scampia, en las afueras de Nápoles, no era un lugar para los vivos, sino un purgatorio de hormigón y desesperación. Las "Vele", esos edificios triangulares que alguna vez fueron promesas de modernidad, ahora se alzaban como esqueletos de un pasado fallido, cubiertos de grafitis, basura y el eco de crímenes olvidados. Allí, donde la ley de la policía no entraba y la ley de la mafia solo buscaba carne de cañón, se escondía Giuseppe Moretti.Bianca bajó del coche blindado con una elegancia que resultaba insultante para el entorno. Vestía un abrigo largo de cachemira negra, con el cuello levantado para protegerse de la brisa húmeda y cargada de hollín del sur de Italia. A su lado, Alessandro caminaba con la mano apoyada en la culata de su arma, oculta bajo su chaqueta. Sus ojos escaneaban los balcones y las esquinas con la frialdad de un lobo en territorio enemigo. No estaban allí para conquistar, sino para cerrar una herida que llevaba abierta demasiado tiempo.—¿Estás segur
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