Finalmente, el día de regresar a la realidad había llegado.Habían sido unos fantásticos días en Rusia. Un viaje en el que me había reconciliado de lleno con Kilian, conocí a sus padres, su historia y, mejor aún, me había comprometido con él.Ahora mismo estábamos en la pista privada que usaba la familia de Kilian, esperando a que todo estuviera listo para abordar.El frío se sentía con más fuerza hoy, pero yo estaba tan feliz por todas las cosas buenas que me habían pasado aquí que ni siquiera le presté atención.Kilian estaba con sus padres e Ivan, hablando con rostros serios, mientras que Sasha y yo conversábamos en voz baja, un poco más alejadas.Ella no estaba nada contenta de regresar y sabía perfectamente la razón.Te lo dije, amiga.—No pongas esa cara —le dije, en un intento tonto por consolarla, aunque no funcionó en absoluto—. Volverás a Nueva York... A tu vida sin ataduras... A tu consultorio lleno de gatos viejos y perros nerviosos. Siempre amaste esa vida, no dejes que l
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