—Nadia, dochen'ka, ¿me permites un momento por favor? —Anastasia me tomó del brazo cuando me disponía a subir a mi habitación. Ya estábamos de vuelta en la mansión de los Volkov y el ambiente después de la cena se sentía completamente diferente. Ya no había risas ni diversión, solo una terrible incomodidad que había dejado el encuentro inesperado con las Orlova. Sasha, notando lo que estaba pasando, me regaló una mirada comprensiva, me dio un beso en la mejilla y se dirigió a su habitación, dándonos espacio. Dios, ¿y ahora qué? La mujer me guió hacia una biblioteca íntima que había visto de paso, pero que no había podido explorar. Se sentó en un cómodo sofá y me indicó que hiciera lo mismo. Sus ojos, normalmente tan llenos de luz, ahora estaban completamente serios y eso me preocupó. ¿Pasó algo malo? —Nadia, cariño, me gustaría disculparme por lo que pasó en la cena —comenzó a decir, tomando mis manos entre las suyas y apretándolas con suavidad—. Fue una jugada mía, co
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