Sentí que el mundo se detenía.
Kilian seguía mirando a Katerina con ojos furiosos, mientras que de ella ya no quedaba nada de la chica prepotente que me había estado amenazando.
Lo único que quedó fue una pequeña niña asustadiza.
—Kilian… lo siento... Yo solo… —balbuceó ella, retrocediendo.
Tratando de ganar algo de tiempo.
Quizás pensando que su ejército la salvaría, pero algo me decía que nadie vendría a su rescate.
—Cállate —la cortó él, sin alzar la voz, pero era un completo bloque de hielo