Cuando finalmente pude abrir los ojos, un fuerte dolor en la sien me golpeó y un repugnante sabor ácido en la boca me hizo sentir arcadas.
¿Dónde estoy?
¿Qué pasó?
Miré a mi alrededor buscando descifrar dónde estaba, pero solo había oscuridad.
Apenas algunos hilos de luz se filtraban por las rendijas y el olor a tierra húmeda era demasiado notorio.
Estaba atada a una silla de metal, de muñecas y tobillos. En varias ocasiones intenté zafarme de aquellos agarres, pero fue inútil.
Kilian me había