El hospital estaba sumido en un silencio tenso, roto únicamente por los monitores y el paso apresurado del personal médico.Julián esperaba en el pasillo, apoyado contra la pared fría, respirando con dificultad.Su paciencia era limitada, pero más que eso, lo consumía un miedo que no podía controlar, un miedo centrado únicamente en Elyna.Cada minuto que pasaba parecía eterno, cada sonido, cada susurro del pasillo le hacía temblar el cuerpo.Finalmente, el doctor apareció, caminando con paso rápido y mirada grave. Julián lo vio acercarse y de inmediato sintió que su corazón se encogía.—¿Cómo está? —preguntó, con la voz tensa, apenas un hilo entrecortado.El doctor bajó la mirada, evaluándolo con pesar.—Ahora está estable —dijo—, pero… no pudimos salvar al bebé.Julián retrocedió un paso, como si alguien le hubiera apagado el mundo de golpe.Su garganta se cerró, tragó saliva con esfuerzo, intentando no quebrarse; no era un hombre acostumbrado a llorar, y tampoco a sentir tanta impote
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