De pronto, un auto hizo sonar su claxon en la lluvia intensa, sacudiéndolos de su ensoñación.Elyna y Julián corrieron, totalmente empapados, con la ropa pegada al cuerpo, la piel temblando por el frío y el agua que caía sin misericordia.Subieron al auto, y mientras las gotas golpeaban los cristales, él la miró con esa intensidad que la hacía temblar por dentro.—Mañana por la noche —dijo, la voz cargada de firmeza y un dejo de orgullo—, organizaré una gran fiesta. Para que todos… todos vengan a conocer a mi hermosa esposa. ¿Entiendes?Ella lo miró fijamente, sin palabras, con el corazón latiendo apresurado, mientras la lluvia continuaba golpeando el auto como un tambor insistente.Su mente aún estaba presa del momento, de la adrenalina, de la mezcla de miedo y deseo que Julián provocaba sin esfuerzo.—Bien —logró decir, su voz apenas un susurro, con un dejo de vulnerabilidad que la hizo sentirse pequeña ante él.Julián arrancó el auto y condujo por las calles mojadas. Las luces de lo
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