A la mañana siguiente, Elyna salió del baño con el cuerpo aún tibio del agua que la había relajado y calmado, y sintió cómo cada músculo se desperezaba.Ya estaba vestida, con un vestido ligero que caía suavemente sobre sus curvas, y se peinaba frente al espejo de la habitación, intentando organizar su cabello rebelde que aún mantenía la humedad de la ducha.El aroma a su perfume, dulce y delicado flotaba en el aire mezclándose con el olor a madera y a hierba que entraba por la ventana.Julián estaba en la cama, sus ojos entreabiertos, apenas dejando que la luz de la mañana acariciara su rostro.Extendió la mano hacia el otro lado de la cama, buscando el calor de Elyna, pero solo encontró vacío. Parpadeó, aún somnoliento, y al abrir completamente los ojos la vio allí, frente a él, peinándose con movimientos tranquilos, casi mecánicos, como si el mundo entero pudiera esperar mientras ella cuidaba de sí misma.Julián se incorporó, dejando que su cuerpo atlético se revelara ante ella, sol
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