Elyna la miró con una mezcla de sorpresa y espanto, sintiendo que el aire se volvía denso.—¿Tú? —exclamó ella, con la voz apenas en un susurro—. ¿Qué estás diciendo? Salma, yo... te agradezco la intención, pero no puedo aceptar algo así. Es una locura.Salma, la niñera que siempre había sido silenciosa y eficiente, titubeó. Bajó la mirada, jugueteando nerviosa con el dobladillo de su vestido, pero sus ojos brillaban con una determinación extraña, casi desesperada.—Lo siento, señora... me he sobrepasado —murmuró Salma, retrocediendo hacia la puerta—. Es solo que... necesito tanto el dinero para mi familia, y pensé que, si usted anhela tanto ser madre, yo podría ayudarla. Usted es tan buena, la mejor mujer que he conocido. Solo quería ser la solución a su dolor.Salma salió de la habitación casi huyendo, dejando tras de sí un rastro de incertidumbre.Elyna se quedó inmóvil, sintiendo un escalofrío que le recorrió la columna vertebral.Últimamente, la desconfianza era su única armadura;
Leer más