El OBENT Atelier estaba en plena actividad cuando pidieron hablar con la dueña.
El murmullo constante de las máquinas, el roce de las telas y las voces suaves de las vendedoras llenaban el espacio con esa energía particular que solo existe cuando la creación está viva.
—Preguntan por usted, señorita Ofelia —avisó una de las vendedoras, bajando la voz—. Dicen que el casamiento es la semana próxima y que necesitan lo mejor que tengamos.
Ofelia Bentancur levantó la vista de los bocetos.
No