Ofelia se despertó sobre el vestido de novia.
No fue una metáfora.
Fue literal.
La tela blanca estaba extendida sobre el sofá del living. Había dormido apenas unas horas, con la espalda rígida, el cuello tenso y la cabeza latiendo como si alguien golpeara desde adentro.
Ocho noches enteras sin dormir.
No iban a ser en vano.
Se incorporó despacio, cuidando de no arrugar más el vestido, y lo observó unos segundos en silencio. No sintió nostalgia. Tampoco tristeza. Solo una certeza amar