CAPÍTULO 20 Lo Que Quedó Después El salón no volvió a ser el mismo tras la salida de Ofelia y Lissandro. La gente no se fue de inmediato; se quedó solo para ver qué pasaba después, como si esperaran que alguien explicara lo inexplicable. Las copas seguían en las manos, pero nadie brindaba. Las conversaciones se apagaban apenas empezaban. Había gente que miraba el celular con nerviosismo, otros hablaban en susurros, y algunos directamente evitaban cruzarse miradas. La música seguía sonando, pero era un ruido ajeno, fuera de lugar. —Lo siento, Eduardo —dijo un hombre mayor, ajustándose el saco—. Nuestros estudios están revisando con quién continuar trabajando. No fue el único. Uno a uno comenzaron a acercarse, con excusas torpes, palabras medidas, sonrisas tensas. Promesas vagas. Ninguna certeza. Luis los vio irse sin intentar detenerlos. No tenía argumentos. Tampoco fuerza. Solo tenía grabado en la retina el beso de Lissandro con Ofelia, repetido una y otra vez como una burl
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