Cuando despertó por la mañana, Sara sintió la cabeza latir. Los ojos ardían, el cuerpo pesaba, reflejo de una noche en vela. Había llorado tanto que, en cierto momento, ya no pudo permanecer acostada al lado de Renato.Con el corazón apretado, se levantó despacio, cuidando de no despertarlo, y salió de la habitación de huéspedes. Cada paso parecía más difícil que el anterior, como si estuviera dejando atrás algo que, pocas horas antes, había decidido intentar recuperar.Entró en su propia habitación y, sin pensarlo demasiado, cerró la puerta con llave.Se apoyó en la puerta por un instante, cerró los ojos, intentando contener la ola que aún la invadía. Quería no pensar lo peor, pero su mente era más rápida que su razón.Caminando hacia el baño, notó que su cuerpo estaba extraño, más pesado de lo normal, como si algo no estuviera bien. Pensó que era solo por el cansancio, por la noche mal dormida, y lo ignoró. Tomó una ducha larga, intentando calmar la mente; luego se puso ropa cómoda
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