Hacía meses que Sara estaba viviendo en el apartamento que Renato había puesto a su disposición. Al principio, todo parecía demasiado extraño, pero, con el tiempo, aprendió a lidiar con eso.Creó una rutina sencilla junto a Odete, que, con cada día que pasaba, se volvía como una madre para ella. La presencia de la mujer trajo acogimiento y cuidado, algo que nunca conoció en la casa de sus padres.Odete siempre estaba cerca, atenta a los mínimos detalles, preocupada por si había comido bien, si estaba descansando, si no se estaba esforzando más de lo necesario y, poco a poco, Sara fue permitiéndose aceptar eso, no como una obligación, sino como afecto.—Tienes que cuidarte, niña —decía Odete con frecuencia, mientras organizaba algo por la casa. —Ahora no eres solo tú.Sara solo asentía, llevando la mano al vientre, sintiendo ese pequeño recordatorio constante de que su vida ya no era la misma.Como tenía mucho tiempo libre, decidió buscar algunos cursos por internet. Quería estar prepa
Leer más