Cuando se dio cuenta de que Sara había perdido el conocimiento, Humberto la sostuvo antes de que cayera al suelo. Con cuidado, la llevó hasta un rincón del establo, donde había heno esparcido, y la acostó allí, apoyando su cabeza.—Lo siento mucho por esto, Sara… espero que algún día me perdones —murmuró, observándola aún inconsciente.Por unos segundos, se quedó quieto, como si sopesara cada paso que vendría después.Luego volvió a la pequeña mesa improvisada y empezó a deshacer la escena. Retiró el pastel, cerró la botella de café y apartó todo de allí, dejando solo la bolsa con la prueba de embarazo sobre la madera.Cuando regresó, se arrodilló a su lado. Ajustó la posición de su cuerpo, apartó suavemente un mechón de cabello de su rostro y la desvistió sin ningún pudor, dejando solo su propia chaqueta caída cerca de ellos, como si hubiera sido arrojada con prisa.Sabía que no tenía mucho tiempo. El efecto de la droga pronto pasaría, y cuando ella despertara, se asustaría tanto con
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