En la ciudad, hospedada en un hotel, Lorena miraba el techo desde hacía largos minutos, como si pudiera darle alguna respuesta. Estaba exhausta de aquel vacío, de aquella espera que ya duraba semanas. Hasta entonces, Renato no había dado ninguna señal de que deseara su regreso a la casa.—Maldición… —murmuró, apretando las sábanas entre los dedos.Cada vez que el recuerdo de Renato y Sara se formaba en su mente, riendo juntos, compartiendo espacios, creando una intimidad, la rabia crecía, densa, sofocante. No era solo celos. Era la amarga sensación de estar siendo reemplazada.Girándose hacia un lado, miró el celular sobre la mesa de noche. Aunque estaba físicamente distante de aquella casa, no estaba completamente ajena a lo que ocurría allí dentro. Contaba con Eliene para eso. Fiel, discreta… y útil.Era ella quien le contaba cada detalle, cada paso, cada cambio de humor, cada acercamiento entre Renato y Sara.Tomó el teléfono y revisó los mensajes más recientes. Ninguna nueva notif
Leer más