Con las piernas pesadas, Sara bajó del taxi como si su cuerpo estuviera atrasado con respecto al resto del mundo. La fachada de la casa de sus padres estaba exactamente como siempre. Era extraño cómo un lugar podía parecer igual y, aun así, ya no ser el mismo.Antes de entrar, se detuvo por un instante. Su mirada se quedó fija en la puerta principal. Una opresión le apretó el pecho con tanta fuerza que, por un momento, le faltó el aire. No pretendía volver tan pronto, y mucho menos de esa manera. Con la madre de un lado y la hermana del otro, como si estuviera siendo conducida de vuelta al punto donde siempre fue menor, más débil, más culpable de lo que realmente era.Soraya abrió la puerta primero, con la prisa de quien quería terminar con aquello de una vez. Raquel entró justo detrás, sin siquiera mirar alrededor, segura de que, allí dentro, nada se volvería contra ella.Por último, entró Sara. Por fuera, mantenía la postura. Por dentro, parecía vacía. La imagen de Renato aún ardía e
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