Cuando me di cuenta de que Constança hacía aquello solamente para provocarme, me volví hacia ella con una expresión nada amigable.
—No sé qué pretende usted con esto, pero sepa que no va a conseguir lo que quiere.
—¿Será? —provocó, con una sonrisa venenosa.
—Voy a hablar con Renato ahora mismo sobre esto.
—Vaya… —se burló—. Veo que ya te estás creyendo la dueña de esta casa.
—No, no lo estoy. Porque, si lo fuera, ya habría puesto no solo a mi madre fuera de esta casa, sino también a usted.
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