Sara LemosYa hace dos semanas desde que Renato volvió del hospital y, desde entonces, todo entre nosotros cambió. Él se asegura de que durmamos juntos y, durante el día, siempre demuestra cuánto aprecia mi compañía. Paseamos por los alrededores de la casa, conversamos sobre asuntos simples y, sin darnos cuenta, fuimos creando una rutina que antes parecía imposible.Aún es todo muy nuevo para mí, pero, cuando llega la noche y me acuesto sobre su pecho, el miedo que suele consumirme simplemente se disuelve. Es como si aquel lugar, sus brazos, el silencio del cuarto, el sonido de su respiración tranquila, comenzaran a volverse seguros.Cuando me toca o me besa, mi corazón pierde el ritmo. Y es en esos momentos cuando percibo que no existe solo deseo entre nosotros. Hay algo más grande, algo que intenté ignorar por mucho tiempo, pero que ahora se vuelve imposible de negar: amor.Intenté negarlo, intenté fingir que no era nada, pero cada día ese sentimiento crece, silencioso e inevitable.
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