En la habitación, Renato caminaba de un lado a otro, con una leve sonrisa en el rostro. Había escuchado la conversación de Sara con su madre en el jardín y no lograba ocultar la satisfacción. Ver a Sara plantarse, sin bajar la cabeza ante Soraya y sin dejarse contaminar por la ambición de la familia, despertaba en él una admiración inusual.
Ella era diferente.
La constatación de que no tenía nada en común con su hermana, ni en los valores ni en las decisiones, lo dejaba más entusiasmado de lo q