Capítulo 48. Ya no somos intocables.
—¡Suéltelo! —gritó Kodac, desenfundando su pistola.—¡Renzo, NO! —gritó Diana, levantándose del sillón con Alessandro, que rompió a llorar por el ruido.Massimo se interpuso rápidamente entre Kodac y Renzo, levantando las manos con las palmas abiertas, usando su cuerpo como barrera.—¡Basta! —ordenó Massimo con una voz de trueno que hizo eco en las paredes estériles—. ¡Renzo, suéltalo ahora mismo! Renzo respiraba agitadamente, con los ojos inyectados en sangre, mirando al detective con ganas de matarlo. Lentamente, soltó las solapas de Miller y retrocedió, pasándose las manos por el pelo con frustración.Miller se arregló la chaqueta, rojo de ira.—Agresión a un oficial —dijo Miller, señalando a Renzo con un dedo tembloroso—. Eso es suficiente. Kodac, espósalo. Se viene con nosotros. Y usted también, Carusso. Tenemos muchas preguntas sobre qué hacían tres personas muertas en su propiedad y por qué parece una zona de guerra.Massimo no se inmutó. No retrocedió. Simplemente sacó una ta
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