Capítulo 44. La fuga de Clara.
Renzo se puso de pie lentamente. No había tristeza en su rostro, solo una furia fría y calculadora. Marco no era solo un empleado; era un amigo.
—Siguieron avanzando —dijo Renzo, señalando hacia el fondo de la nave, donde una puerta de acero discreta conducía a las escaleras del sótano—. No robaron nada. No registraron la oficina. Vinieron con un objetivo quirúrgico.
—La celda —dijo Massimo.
Avanzaron hacia la puerta del sótano. Debería haber requerido una tarjeta de acceso y un escáner de reti