Capítulo 48. Ya no somos intocables.
—¡Suéltelo! —gritó Kodac, desenfundando su pistola.
—¡Renzo, NO! —gritó Diana, levantándose del sillón con Alessandro, que rompió a llorar por el ruido.
Massimo se interpuso rápidamente entre Kodac y Renzo, levantando las manos con las palmas abiertas, usando su cuerpo como barrera.
—¡Basta! —ordenó Massimo con una voz de trueno que hizo eco en las paredes estériles—. ¡Renzo, suéltalo ahora mismo!
Renzo respiraba agitadamente, con los ojos inyectados en sangre, mirando al detective con ganas d