Capítulo 21. Aguanta un poco, mi amor.
Los días van pasando, y la rutina sigue igual. El noveno mes llegó acompañado de una tormenta eléctrica que azotaba los cristales de la mansión Carusso, como si el cielo mismo supiera que una tragedia estaba a punto de desatarse.Diana apenas podía caminar. Su vientre era enorme, bajo y tenso. Sus tobillos estaban tan hinchados que ningún zapato le entraba, y pasaba sus días arrastrando los pies en pantuflas por los pasillos de servicio, esquivando a una Clara que se volvía cada día más paranoica.Clara, por su parte, vivía su propio infierno de látex. La barriga de silicona de nueve meses pesaba, le daba calor y le causaba erupción en la piel. Pero lo peor era la mirada de Massimo.Aunque él seguía fingiendo ceguera, usando sus gafas oscuras y su bastón, Clara sentía que esos ojos verdes ocultos la seguían a todas partes. A veces, cuando se giraba rápido, le parecía ver una sonrisa burlona en los labios de su marido, una sonrisa que desaparecía al instante.—Todo está listo —susurró
Leer más