Capítulo 24. El primer llanto.
El hospital era un caos controlado, pero cuando Massimo Carusso cruzó las puertas de urgencias, empapado por la lluvia, con una mujer embarazada en brazos y gritando órdenes, el caos se detuvo.
—¡Necesito una camilla! ¡Ahora! —rugió, y su voz de mando hizo que tres enfermeros corrieran hacia él al instante.
—Señor, tiene que llenar el formula...
—¡Al diablo el formulario! —Massimo depositó a Diana en la camilla con cuidado—. ¡Es un parto en curso! ¡Llamen al doctor Rossi, díganle que Massimo Ca