Capítulo 22. Amenaza latente.
Un dolor agudo, mucho más fuerte que cualquier contracción de práctica, le atravesó la espalda baja. El agua corrió por sus piernas, empapando el suelo de madera.
—¡Señora Clara! —gritó Diana, aterrorizada—. ¡Ya viene!
Clara salió de su habitación, pálida, con la barriga falsa mal ajustada.
—¡Maldita sea! —chilló al ver el charco—. ¡No debía ser ahora! ¡Ricci no llega hasta las tres!
—¡Me duele mucho! —Diana se dobló por una nueva contracción que la dejó sin aliento.
—¡Cállate! ¡No grites! —Cla