Capítulo 21. Aguanta un poco, mi amor.
Los días van pasando, y la rutina sigue igual. El noveno mes llegó acompañado de una tormenta eléctrica que azotaba los cristales de la mansión Carusso, como si el cielo mismo supiera que una tragedia estaba a punto de desatarse.
Diana apenas podía caminar. Su vientre era enorme, bajo y tenso. Sus tobillos estaban tan hinchados que ningún zapato le entraba, y pasaba sus días arrastrando los pies en pantuflas por los pasillos de servicio, esquivando a una Clara que se volvía cada día más paranoi