Capítulo 28. El bulto.

Media hora más tarde, Diana conducía con lentitud a su destino, mientras la lluvia caía de manera incesante, golpeando el parabrisas del sedán negro con una violencia que hacía vibrar el volante bajo las manos entumecidas de Diana.

Los limpiaparabrisas trabajaban a una velocidad frenética, cortando la cortina de agua con un ritmo hipnótico y desesperante: ras, ras, ras, ras.

A cada barrida, el mundo exterior se revelaba y se ocultaba de nuevo, una mancha gris y negra de asfalto mojado y árbole
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sheylaAhh Dios que ansiedad por saber que va pasar, podrán Massimo y Renzo salvarlos
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