Capítulo 29. La trampa de hielo.
Un pequeño bulto envuelto en una manta azul gruesa, apretado contra su pecho.
—¡Lo tiene! —gritó Diana, olvidando el micrófono, olvidando el dolor, olvidando todo—. ¡Tiene a Alessandro! ¡Lo veo!
—Diana, espera —advirtió Renzo rápidamente—. No bajes todavía. Algo no me cuadra. Kross tiene el motor al máximo, listo para el despegue inmediato.
—¡Me está esperando! ¡Dijo que si no iba yo, se iría!
—¡Espera mi señal! —ordenó Massimo—. Necesitamos estar en posición de tiro. Si bajas ahora y ella se