Capítulo 30. El señuelo.

El avión levantó la cola. Las ruedas delanteras se despegaron del suelo. Estaba a punto de elevarse.

Massimo se detuvo, jadeando, viendo cómo la distancia se hacía insalvable. Sintió que el corazón se le desgarraba. Era el fin.

Pero entonces, un sonido diferente cortó el aire.

No fue un disparo. Fue el rugido de un motor V8 acelerado al límite.

Desde la oscuridad lateral, saliendo de un camino de tierra oculto, la camioneta blindada de Massimo irrumpió en la pista como un rinoceronte de metal.

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