Capítulo 103. Ojos en el cielo.
Las horas fueron pasando y pronto salió el sol.La luz de la mañana entró por la ventana de la cocina, revelando el polvo y las tazas sucias de café. Ágata roncaba suavemente en la silla de la esquina, con la barbilla pegada al pecho. Massimo estaba de pie junto a la ventana, mirando el patio con los ojos rojos de no dormir.Diana bajó las escaleras. Llevaba a Alessandro en un brazo y la escopeta de caza del abuelo, una Benelli vieja que Renzo había limpiado, colgada del otro hombro.—¿Novedades? —preguntó ella, dejando la escopeta sobre la mesa con un golpe seco.—Nada —dijo Massimo, frotándose la cara—. Ni un coche, ni una llamada. Demasiado silencio.—Mejor —dijo Diana. Puso al bebé en el cochecito, cerca de la estufa—. Andrea está calentando leche. Come algo, Massimo. Te vas a caer.Massimo iba a protestar, pero su estómago rugió. Se sentó y agarró un trozo de pan duro.De repente, se escuchó un ruido.No era un motor de coche. No era un pájaro.Era un zumbido. Bzzzzzzzz.Agudo,
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