Capítulo 101. La carga del oro.
Los faros amarillos barrieron el muro de piedra. El rugido del motor diésel llenó el patio, tapando el sonido del viento.
Era un camión viejo. Un Mercedes de caja abierta con lona, pintado de un verde desgastado que gritaba "agricultura".
Olía a gasoil mal quemado y a aceitunas rancias.
Renzo abrió una de las hojas del portón.
El camión entró despacio, balanceándose por el peso de su propia carrocería blindada disimulada. Frenó con un chirrido de aire comprimido justo delante de la entrada pri