Capítulo 106. Resistencia y fuego.
El ruido de la ametralladora del helicóptero paró de golpe.
Silencio.
Luego, gritos fuera. Pero no eran gritos de ataque. Eran gritos de pánico.
—¡Retirada! ¡Tenemos atavantes aéreos! ¡Salgan de la zona!
Massimo escuchó botas corriendo. Pero esta vez se alejaban de la puerta del sótano.
—Se van —susurró Diana, abrazando a Alessandro, que por fin había dejado de llorar.
—O se están reagrupando —dijo Massimo, sin soltar la pistola—. Quédate aquí. Voy a mirar.
Massimo quitó los cerrojos de la puer